Portada La Inteligencia emocional La Educación emocional
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La Educación emocional

A diferencia del cociente intelectual (CI), que aunque se eduque permanece más estable a lo largo de los años, la Inteligencia emocional puede desarrollarse y potenciarse, y ha de ser cuidada porque las circunstancias adversas de una etapa de la vida pueden dificultar su evolución y mantenimiento adecuados.

Así, Peter Salovey y John Mayer (1990) defienden la tesis de que las cualidades emocionales pueden aprenderse y desarrollarse. Asimismo, sostienen que es un trabajo que merece la pena porque la competencia emocional influye en todos los ámbitos de la conducta. Para desarrollar esas cualidades emocionales proponen aplicar dos claves que participan de un mismo planteamiento:

  • El esfuerzo por percibir conscientemente las propias emociones y las de las demás personas.
  • La atención para una mejor gestión de las propias emociones y un trato más consciente con las otras personas.

Si se repara en las últimas reformas educativas y en los informes de la UNESCO, puede apreciarse cómo la Educación emocional se ha convertido en una necesidad para obtener los resultados requeridos. Se nos exige que la educación pase de ser el clásico instrumento para la transmisión de conocimientos, a convertirse en la herramienta esencial para conseguir el desarrollo integral de las personas.

Además, conviene considerar que la educación en los centros de enseñanza no es una tarea de unas pocas personas y/o entidades, sino que ha de concernir e implicar a todos aquellos agentes y ámbitos que proporcionen la adquisición de competencias socio-emocionales a lo largo de toda la vida.

Para comprender la necesidad de la Educación emocional en este nuevo contexto resulta interesante observar definiciones como la formulada por Rafael Bisquerra (2000): 

proceso educativo continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos los elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral. Para ello se propone el desarrollo de conocimientos y habilidades sobre las emociones con objeto de capacitar al individuo para afrontar mejor los retos que se plantean en la vida cotidiana con la finalidad de aumentar su bienestar biológico, psicológico y social.